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La vida después de Spotify

Carlos Draper Giggs
13 de septiembre de 2026

La vida después de Spotify

¿Y si la forma de escuchar música está rota? ¿Y si necesito un reset? La vida fuera de Spotify es emocionante, estresante, llena de FOMO y muchas tardes dedicadas a buscar música activamente, pero es mucho más gratificante. Cómo llegué hasta aquí, como llegó Spotify a mi vida y cómo escucho música ahora.

Desde hace unos años, los aledaños a Spotify están poblados por un runrún incesante de prácticas extrañas y poco éticas. Royalties que no dan para pagar un paquete de tabaco, Joe Rogan en exclusiva, promoción de canciones propias hechas por IA, Spotify Wrapped convertido en una alucinación de ChatGPT o despidos masivos. Hace tiempo que hablar de Spotify es hablar de otra decisión negativa, controvertida o cuestionable. Y eso que no entramos en las decisiones de sus dirigentes.

Así, hace dos años decidí que había llegado el momento de decir adiós a mi amada biblioteca digital en Spotify. Llámalo rebeldía, llámalo activismo, llámalo como quieras, pero en mi mente se había originado la idea de que Spotify está roto, que esa empresa cool que descubrimos en 2009 y a mi poco más me cambió la vida, había dejado lo poco amable que le quedaba para abrazar el arco de Evil Corp completamente. En los inicios no fue así.

"We love Spotify" by Jon Äslund

Una nueva forma de descubrir música

Volvamos a junio de 2009. Era el verano de “I Got A Feeling” de Black Eyed Peas, la galopante crisis económica hacía estragos en todos nosotros y yo acababa de terminar cuarto de la ESO. En mi mano, un iPod Classic de 80GB, en mi escritorio, un MacBook Pro recién estrenado y comprado con aquellos planes para estudiantes de Apple. Eran los tiempos de las descargas directas, de las listas de éxitos de iTunes, Taringa, SeriesYonkis y torrents privados. Internet estaba llena de blogs y comentábamos el final de cada capítulo de LOST en esa nueva red social llamada Twitter. Internet era un paraíso, como un barrio bohemio que está comenzando a ser gentrificado.

Ese verano me descargué Spotify, aun en beta, después de haberlo leído en Twitter o en el blog de Enrique Dans. Con la cuenta creada, comencé a trastear y entendí que era una manera brutal de descubrir música para luego descargármela con Megaupload. Era puramente descubrimiento, aun no tenía manera de llevarme Spotify a ninguna parte, mi móvil era un Sony Ericsson Z610 (un año más tarde conseguiría una BlackBerry) y escuchar música en ese cacharro era una odisea. La vida funcionó así un par de años. Descubrir, descargar y disfrutar.

Algunos años más tarde, en 2012, heredé un Samsung Galaxy S y descubrí que Spotify tenía app en Android. Eran diez euros al mes y llevar un iPod a cuestas empezó a hacerse pesado, así que ese mes de Marzo comencé a pagar el Premium de Spotify. A partir de ahí, doce años pagando mes a mes por tener todas las canciones que quisiera en el mundo, o casi todas. Doce años creando listas, mandando mixes y descubriendo literalmente a todos los artistas que me acompañaron durante mis veinte: a los King Gizzard, a Massive Attack, a Belle & Sebastian, Calidato 3/4, Chvrches, Kendrick Lamar, todos los carteles del FIB desde 2011 a 2017... me cambió la forma de escuchar música, la cantidad de música escuchada y obviamente mi propio gusto musical. Pagaba no solo por escuchar música, sino por tener mi propia banda sonora personal y por descubrir la banda sonora del próximo capítulo de mi vida. Spotify hizo que madurara culturalmente de una manera que no creo que hubiera sido posible sin ella. Literalmente debo tener miles de listas de reproducción creadas. Descubrí el vaporwave, el synthwave y el new wave. Escuché a Raimon y a los Ramones. El techno oscuro, el industrial, el de brazo en alto y el berlinés.

Durante esos años, incluso con los primeros Wrapped, Spotify era la aplicación guay que muchos intentaban imitar. Rompió la manera de escuchar música para siempre, revolucionó la manera de producir, promocionar, escribir, escuchar y consumir música. No tengo pruebas pero tampoco dudas de que los mega-conciertos que son shows que son experiencias que no te puedes perder no existirían sin Spotify o que la manera en la que los vinilos vuelven a ser populares llegó también gracias a ellos. Era la meseta de la experiencia, el prime, su peak, los años dorados de la experiencia.

Todo se tuerce

Como ya he dicho al principio, Spotify devoró su propia experiencia. Muchos errores, cálculos mal hechos, experiencias llevadas al extremo, canivalizar su propio modelo de negocio, unos ejecutivos malvados sacados de historias de cómics... la lista de decisiones de mierda es larga, pero entre 2019 y 2024, especialmente tras la pandemia, Spotify dejó de ser guay. El escenario era también muy diferente al de la década anterior. Internet ya estaba gentrificado, las grandes empresas tecnológicas habían capitalizado todo el espacio disponible y la única manera de mantener tu existencia es convertirte en uno de ellos. Había muchos competidores y todos estaban haciendo lo mismo en algo donde el espacio para innovar es limitado.

Dejar Spotify no es solo dejar aparcada tu cuenta. Yo compartía listas con amigos, con mi pareja y hasta con mis ex. Enviaba música, compartía lo que escuchaba en Instagram y tenía listas con mis propias fotos. Le dedicaba tiempo a personalizar y compartir socialmente el placer de escuchar música. Decidí aparcar mi cuenta para no desaparecer de la vida de tantas personas, de llevarme tantas conexiones conmigo. Simplemente me desinstalé todo y dejé de pagar el premium. Dejé de apoyarles.

Tengo que decir que no te daré la chapa con esto (más que en este post). Al final hay que decidir cual es el modelo que apoyas. Escuchar música es algo personal, y no es algo que puedas imponer a todos. No culpabilizaré a los que sigan pagando el servicio. Es difícil salir de algo que se ha convertido en una parte tan indispensable de tu día a día. Yo decidí salir y reconstruir la manera en la que escucho música.

Un nuevo comienzo

Tras tomar la decisión de dejar Spotify, recuperé mi iTunes, ahora integrado en la aplicación Música. Me descargué las canciones y álbumes que había comprado en 2008-2010. Apenas un par de álbumes. También recuperé mi app de Bandcamp en donde había comprado algunos álbumes más a colectivos y colegas que publicaban su música ahí. En total no contaría con más de diez álbumes para escuchar. Me compré un iPod Classic 5.5 de 30GB y desempolvé Soulseek. Era el verano de 2024 y era un nuevo comienzo.

Reconstrucción

Vale, bien, no tengo música, ¿ahora qué? En principio pensaba empezar a descargarme discografías completas en Soulseek, descargarme de golpe 50GB de música e ir tirando por ahí. Sin embargo, miré de reojo mi colección de vinilos, los cacharros que tenía, los CDs de cuando aun usaba CDs y decidí que la oportunidad de construir de nuevo mi biblioteca musical era la catarsis que me faltaba, además de una de esas cosas en las que invertir tiempo y minar dopamina.

Compact Discs won’t tear us apart

Quién me iba a decir que compraría ciento cincuenta CDs entre 2024 y 2026... probablemente nadie, pero hoy si alguien va a comenzar este proceso, y quiere hacerlo legalmente, mi recomendación es que tires mucho de CDs. Los CDs son baratos, los encuentras a decenas, son fáciles de digitalizar y son bonitos para tener expuestos en casa. En tiendas de música suelen tener muchos, pero también los hay en tiendas de segunda mano. Tendrás que dedicar tiempo a buscar lo que te gusta, aunque también puedes ir a comprar algo en concreto a la FNAC (a veces con promociones por siete euros) o comprarlos en los conciertos.

Un CD nuevo suele rondar los doce o quince euros (veinte euros como muchísimo) y de segunda mano raramente supera los cinco. Ve a tu tienda de discos y pregunta, seguro que tienen secciones de discos tirados de precio. En tiendas de segunda mano suele ser mucho más difícil encontrar cosas que valgan la pena. En los rastros si que hay muchísimos y normalmente por uno o dos euros, aunque a veces no encuentras nada.

Si decides comenzar a construir una biblioteca así, también creas una oportunidad para que tus amigos te regalen nuevos CDs de artistas que te gustan o les gustan (que normalmente son más caros) y son una forma genial de compartir música, puedes dejarle discos a tus amigos para que se los digitalicen y viceversa.

Si no tienes un lector de Cds, en eBay, Vinted o Wallapop tienes uno por menos de veinte euros. Yo encontré este en eBay por 20€ y me sigue funcionando después de más de 150Cds. Los hay nuevos y baratos pero en cualquier Cash Converters hay alguno.

Bandcamp

No recuerdo en qué momento me abrí Bandcamp. Creo que fue cuando descubrí el vaporwave y quería comprarle álbumes a artistas independientes. Eran otros tiempos. Ahora, cada vez que hay un Bandcamp Friday, ahí me tienes intentando vaciar mi lista de deseos. Cuando volví a usarlo, me sorprendió la cantidad de artistas que publican toda su música en Bandcamp. Es donde compré la discografía entera de KGLW por menos de diez dólares australianos, o donde descubrí a Geese y a Vulfpeck.

Es probablemente la forma de descubrir nueva música más parecida a Spotify (aunque cueste un poco más) y, aunque no tienes que esperar a un Bandcamp Friday para comprar el álbum que quieres, puedes apoyar de manera sustancial a los artistas que te gustan. En estos dos años habré comprado unos cien álbumes sin contar a KGLW que serán como veintiocho.

Bibliotecas

He de decir que este método se lo he escuchar a gente en Mastodon y sobretodo a Rocío Quillahuaman pero nunca lo he probado. Consiste en ir a tu biblioteca de confianza, sacarte la tarjeta, pedir prestados CDs, ir a casa, digitalizarlos y devolverlos. Es una manera de hacer crecer tu biblioteca digital sin un soporte físico y totalmente gratis. Obviamente, estás a merced de lo que la biblioteca quiera ofrecerte, pero es honrado, es legal y te permite escuchar música casi de inmediato.

Soulseek

Qué decir de Soulseek. La aldea gala del P2P, ni siquiera sé como sigue en pie, pero doy gracias a su existencia cada vez que necesito encontrar algo que no está en ningún sitio. No es complicado de usar, pero si no has usado nunca un programa de P2P como en los dos mil, entonces es posible que te encuentres buscando tutoriales todo el rato para “cómo abrir puertos en mi router” y cosas de ese estilo. Es la forma tradicional de descargarte música: gorro de pirata y pata de palo, pero sirve si lo que buscas no está en ningún sitio (como la puta discografía de La Gossa Sorda, que es imposible de encontrar si no es en streaming).

Mi modus operandi con Soulseek es el siguiente: solo me descargo en Soulseek lo que ya tengo en vinilo. Es decir, compro un vinilo, no tiene código de descarga, o es un vinilo muy viejo, o vete tu a saber, entonces lo busco y me lo descargo. Sé que no es cien por cien correcto, pero el vinilo lo tengo, y ya probé a digitalizar manualmente vinilos y es complejo, pesado, requiere mucho tiempo y el resultado es siempre terrible. Soulseek me saca del apuro, y ya he comprado el vinilo así que me siento menos mal.

¿Vale la pena?

Salir de Spotify (o de cualquier servicio de streaming) no es fácil. Teniendo en cuenta cómo el acceso a la cultura digital ha perdido toda barrera y cualquier obra de cualquier artista de cualquier país está probablemente a un click de distancia (o a un perfil en una red social), reconvertir la forma en la que haces crecer tu biblioteca, cambian tus gustos y, simplemente, consumes cultura digital es increíblemente difícil. Dejar Spotify implica dedicar tiempo a buscar música, a ser paciente, a desplazarte, investigar y a entrar en una tienda y salir con las manos vacías. Cuando abres Spotify, es muy difícil que cierres la app sin haber escuchado nada, pero en una tienda de discos es probable que salgas sin un solo CD que cargar en tu móvil.

Es, en definitiva, un camino de reaprendizaje. De descubrir cosas nuevas. De comprar CDs por 1€ que no sabes ni lo que son y que a veces es new wave vasco y otras veces es country alemán de cuarta división. Hay que aprender que si quieres el nuevo CD de Rosalía tendrás que pagar 16€ y pasar por la tienda con el peligro de hurgar en el cajón de segunda mano y te acabas llevando otro CD más de Massive Attack. Convierte un acto pasivo como reproducir una lista de reproducción "Cafe raining mood" en una escucha activa de la última movida que has encontrado en Bandcamp. También te devuelve la dopamina de haber encontrado algo genuinamente genial como me ha pasado con SUUNS o como me pasó con IDLES.

Es gratificante dedicar tiempo a algo y que valga la pena, la sensación de ir a un rastro un domingo buscando cobre y acabar encontrando oro en forma de CDs de algún milenial o gen x que ha dejado a su pareja y necesita deshacerse de su colección. Ayuda a apreciar más la música, el trabajo que hay detrás, las razones por las que un álbum se ha construido, producido y sacado al mercado. Es apreciar la cultura y abrazarla de nuevo más como una actividad lúdica.

Entonces, suponiendo que acepto la curva de aprendizaje... ¿vale la pena? eso depende de cada uno, pero éticamente es reconfortante saber que consumes arte de manera activa, con una historia y con la responsabilidad de que estás invirtiendo en la expresión artística de alguien a quien aprecias. Porque si yo fuera un artista (ojalá algún día) me gustaría poder dedicarme a ello sabiendo que mi arte llega a la gente que lo aprecia y está dispuesta a darme un empujón para seguir produciendo y para que mañana no tenga que bajar la persiana. Convierte consumir cultura en poco menos que un acto de amor, una muestra de aprecio o un abrazo digital a la persona que te ha atravesado el alma con su arte y ha enriquecido tu alma una vez más.

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En este blog hablo de fotografía, tenis, cultura pop, ansiedad, vieojuegos, música o cine. Entre otras cosas. También hablo de mis movidas, mi trabajo o cualquier cosa que se me pasa por la cabeza.

Mi nombre es Carlos, aunque mi madre me quería llamar Isidro. Nací en Sax, creé mi primer blog en 2007 y tuiteé peligrosamente durante muchos años. Estudié ingeniería informática en Valencia y trabajo como ingeniero desde 2015. En 2023 me mudé a Bruselas y cuento la experiencia desde este blog.

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