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Un gato llamado Tokyo

Carlos Draper Giggs
25 de octubre de 2026

Un gato llamado Tokyo

Hace poco más de una semana que Tokyo llegó a casa. Encontrado en las calles de Bruselas hace algo menos de medio años, Tokyo fue recogido por nuestro refugio de confianza y ha sido cuidado y mantenido durante unos seis meses hasta que nos vio entrar por la puerta y decidió acercarse y jugar un rato con nosotros.

Tokyo es tímido, asustadizo y algo tonto, puede que por su edad, con unos tiernos año y medio aproximadamente. Le gusta jugar con todo, absolutamente todo, y tiene el apetito de un gato que ha compartido casa con muchos compañeros peludos. Su pelaje blanco pero sobretodo su barbilla de color negro hace que sea mucho más adorable de lo que es. De momento le gusta todo tipo de comida pero seguramente en unos meses se volverá un exquisito como su hermana.

Leela y él se conocieron oficialmente el jueves. Después de una intentona el domingo psado y de estar toda la semana intercambiando camas, olores y viéndose a través de una pantalla de cristal, finalmente dejamos que se juntaran y en unas pocas horas ya estaban jugando juntos. No hay luchas por la comida ni por los juguetes de momento. Comen juntos, juegan juntos y parecen llevarse mucho mejor de lo que nos esperábamos.

Tokyo es muy vocal, llora cuando tiene hambre, cuando tiene sed o cuando quiere jugar; llora por las noches y por el día, no deja de llorar cuando trabajo o cuando escribo. Sus lamentos son omnipresentes si no estamos acompañándolo. Buscando en Google dicen que puede ser por adaptación, aburrimiento, stress, energía elevada y muchas otras cosas comunes en un gato de año y medio que acaba de mudarse de casa. Veremos si cambia o se convierte en la razón por la que durmamos con la puerta cerrada.

Tokyo es un gato miedoso pero pesado. No quiere mimos pero quiere atención. Es un gato gato. Gato de querer lo justo contigo y solo cuando él quiere. Un gato que ya se ha ganado nuestros corazones y que nos eligió en el refugio. De no haber jugado con nadie ni haberse arrimado a ningún humano hasta que llegamos nosotros. Otro gato que nos elige, para suerte la nuestra.

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