Decía Érica Fustero en un post que deberíamos fotografiar los sitios que nos gustan. A menudo. Llevar una memoria de los lugares que nos agradan y que no queremos que se pierdan de la memoria colectiva. Desde parques a cafeterías, tiendas o librerías. Lugares que están intangiblemente conectados con el zeitgeist de la ciudad, que cambian y se mueven, mutan, evolucionan y, en algunas ocasiones, desaparecen.
Me dio pena pensar e inmediatamente me acordé de Flash Capsules, una tiendecita en el centro de Bruselas por la que pasaba a menudo desde que nos mudamos a Molenbeek. Era una de esas tiendas cool para gente queer del rollo que no quieren ni ver el beige. Entre tardes muertas, pasar a echar un vistazo o mañanas de fin de semana sin mucho que hacer, fui llenando mi casa de trocitos de esa tienda. Desde revistas, ilustraciones, camisetas y fanzines hasta artículos de decoración como lámparas o espejos.
Era un rincón amable que frecuentaba y al que iba a menudo y que lamentablemente dejó de existir en verano, cuando nos fuimos a la india de viaje. Pasamos varias veces cuando ya estaban liquidando todo y echando el cierre y pregunté a la amable dueña por qué cerraban un sitio tan cool. Me dijo simplemente que el último año había sido duro y no se si me dijo o me imaginé que les habrían subido el alquiler y no podían asumirlo (nunca lo sabremos con mi limitado manejo del francés). Compré un par de ilustraciones y me marché. Siempre que pasaba acababa comprando algo porque tenían cosas que siempre me llamaban la atención.
Flash Capsules era también un espacio en el que podías encontrar infinidad de obras de artistas locales. Tengo decenas de fanzines, ilustraciones y hasta scrunchies de artistas locales. También he regalado juguetes a amigos con hijos e incluso he comprado pendientes para Liv. Era un sitio local para locales y, aunque puede que no estuviera en el mejor sitio, siempre me hacía sonreír.
Semanas más tarde, al volver de viaje, vi el post de Erica Fustero y me dio por pensar que no le había hecho ni una sola foto. También que quizás si hubiera compartido más mi amor por aquel espacio, a lo mejor podría haber animado a más gente, amistades y conocidos a pasar y enamorarse de lo que nos ofrecía. A pesar de que su web sigue en activo algunos meses después, siento como una pérdida triste que este sitio ya no esté abierto, uno de esos lugares que sabía que podía confiar para encontrar un regalo para amigos, familiares o para mi mismo.
Como decía Érica: hablad con los dueños y dependientes de los sitios que os gustan. Desde librerías hasta tiendas cool e independientes. Cread conexiones y compartir vuestro amor por pequeños rincones que os sacan una sonrisa para que la sigan sacando a vosotros y más gente durante mucho tiempo. Que no desaparezcan como mi pobrecita Flash Capsules.