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Elegía a La Gossa Sorda

Carlos Draper Giggs
27 de septiembre de 2026
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Elegía a La Gossa Sorda

I el dia que tot rebente
no m'espereu al tall,
no aniré a treballar,
que estarem segant cadenes.

Supongo que me cuesta mucho decir adiós. Las despedidas son siempre una mierda, sobretodo cuando quieres abrazar y no soltar, cuando no sabes qué te espera mañana pero solo tienes la certeza de que todo será diferente y que la ausencia será un hecho.

Era básicamente como una parte de mi oído, tras ser machacado durante años por mi hermana y los discos que sus compañeros de la universidad de primero de carrera le daban. CDs vírgenes con texto en permanente y una puerta a una sala en la que la música estaba hecha para abrirte los ojos y radicalizarte con razón.

Durante años crecí, me empapé del mensaje antisistema que emanaban de sus letras, las hice mías, viví sus vidas, entendí sus problemas, compartí sus angustias. Me hice parte de ellos y ellos formaron parte de mi vida, me acompañaron y me hicieron bailar en los momentos buenos y que muchas tardes se hiciesen soportables en los momentos malos.

Me hicieron ver que la lucha es compartida, aunque sea dura, que la injusticia ha pasado y pasará, pero que hay alguien más que quiere cambiar las cosas. Era, supongo, esperanza por un futuro mejor, a pesar de todo y todos. Aun así, es difícil no dejarse llevar por la melancolía y la nostalgia. Por todos los bailes que nos pegamos y por todos los que no nos pudimos pegar.

Personalmente, el concierto del sábado en Bruselas de La Gossa Sorda marca el final de la canción protesta en Valencià. Después del adiós a Zoo hace dos años y de tantas otras bandas en los anteriores diez o quince, ya no queda nadie y pareciese que la sala se ha cerrado y ya no habrá más aquelarres.

El ambiente fue el de las grandes citas: sudor y cerveza a pachas, un pogo que duró el concierto entero y un setlist que decía “hasta nunca”. Tocaron todas las que había que tocar y alguna extra que casi no entra. Varios bises, puños y banderas en alto, esto se acaba.

Me queda el consuelo de haber compartido la experiencia con mi pareja, de que haya visto la energía que desprende un concierto de La Gossa tan lejos de casa y haberle medio traducido algunas letras. Tres de Pego, Entre Canuts, Batiste Ceba... le dije que era un día triste y que siempre podríamos seguir escuchándoles en casa.

Cuando me acuerdo de La Gossa, me acuerdo de estar en el campo jugando al Prince of Persia: Warrior Within y tener el cd Garrotades en repeat una y otra vez en el radiocassette. Un CD que se leía: GOSSA escrito con rotulador permanente. Un verano entero así, sin descansar. Supongo que tengo esta música asociada a un momento vital más sencillo y falto de responsabilidades pero también a un momento de mi vida en el que no tenía que decir adiós a nada y todo era un comienzo.

¿Y después de decir adiós que? Puede que haya nuevas bandas o puede que la industria musical no deje espacio para la canción protesta, el mestizaje, el ska, la dolçaina y los aquelarres. En ese caso, habrá que arremangarse y hacer algo diferente. Como siempre, creo que la receta es la misma: construir comunidades, ayudar a los demás, dar la batalla cultural. Construir, ayudar, luchar.

También es posible que todo esto solo sea una manera de no saber como decir adiós a un trozo de mi mismo que se queda por el camino. Es posible que tenga que pensar en los siguientes pasos en lugar de zambullirme en esta piscina de nostalgia. Es un dolor tan cómodo y mullidito que es difícil escapar de él.

Quizás haya que escribir más, vivir más y protestar más. Si no hay más bandas que canten contra el sistema puede que sea porque no encuentran una comunidad que esté luchando contra el mismo enemigo. Puede que necesiten vernos juntos. Puede que haya que encontrarles, ya están ahí, pero aun no les hemos invitado a levantar el puño juntos. Y de eso el único responsable en no conocerles soy yo.

No puedo hacer nada por evitar que La Gossa Sorda se disuelva para siempre. He de recordar quien fui cuando me acompañaron durante tantos años, revivir y sonreír por todo lo que vivi con ellos como banda sonora personal. Seguirán ahí, seguiré visitándoles aunque ya no vayan a lanzar nada nuevo. Cuando sepa quien era con ellos podré concentrarme en recordarles, recordarme y en, de alguna manera, construir mi yo de mañana por la mañana. Comprometido con la lucha, en continua guerra con el sistema y con una banda sonora diferente.

I dansarem,
tota la nit sencera
som viatgers del temps
per aquesta vorera

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